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En el día de muertos celebramos a la vida en Los Ángeles

Una de las cosas que más extraño de vivir lejos de México es la celebración del día de los muertos. Este año, sin embargo, el 2 de noviembre me encontraba en Los Ángeles y estaba segura de que algo tendría que encontrar en este pedazo de México al otro lado de la frontera.

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A través de internet di con la celebración que desde hace 40 años realiza Self Help Graphics & Arts, una organización que sin ánimos de lucro preserva la tradición del día de los muertos y la comparte de generación en generación.

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Llegue sin muchas expectativas y lo primero que me sorprendió fue el entusiasmo de la gente que asistía al evento, con ganas igual que yo, de vivir esta celebración mexicana y de compartir la tradición con quienes la desconocen.

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Mi vista se alegró al  encontrar los altares tradicionales a los muertos llenos de colores, sabores y recuerdos…

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Y las ofrendas más abstractas pero también llenas de simbolismo y de tradición.

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“Raíz y Rama on the crossroads to Mictlán” es el nombre de la fascinante exposición artística que montaron este año.

Me encontré con la figura de papel en honor al legendario luchador “El Santo”…

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Con Jenni Rivera, la diva de la banda que se fue en un trágico accidente aéreo…

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Con el espíritu del grabador José Posada…

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Y todo ellos, junto a los vivos y bajo la mirada de la Guadalupana, representada en una escultura gigante de pedacitos de mosaico.

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Esta fiesta agasaja y recuerda a los muertos, pero también es un canto a la vida que no solo festejamos con música, también hay baile, es tiempo de reír, de comer en familia tostadas de tinga, tacos dorados de papa, pozole, pan de muerto…

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El recordar a la muerte nos fortalece porque es cuando tomamos conciencia de que estamos vivos y de que todavía tenemos tiempo para vivir y ser felices…hasta que la flaca calaca nos de permiso…por supuesto.

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Hasta siempre al héroe mexicano del 11 de septiembre

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Este es un homenaje al bombero que se convirtió en héroe, un hombre que llevaba el espíritu de servicio en las venas, que sacrificó su vida por ayudar a los demás durante décadas y que desde el día de los atentados del 11S se dedicó en cuerpo y alma a las labores de rescate de las Torres Gemelas, un mexicano que hipotecó su salud en el “agujero” pero las enfermedades no le frenaron y siguió con la idea de superarse, trabajar por los demás y luchar por los más desfavorecidos.
Este domingo 25 de septiembre de 2011 la vida de Rafael Hernández se extinguió. Me quedó muy grabada una frase que me dijo en la última entrevista que le hice días antes del décimo aniversario, al preguntarle qué había aprendido después de los atentados: “la moraleja es que me llevo una experiencia más y tengo mucho amor para dárselo a mis hijos. Hoy más que nunca vamos para adelante”.